
Capítulo seis.
Narra Nick.
¿Impulso? ¿Cómo le había podido decir que había sido un estúpido impulso cuando era lo que añoraba hacer desde que la había conocido?
Me dirigí bajo un árbol y me senté allí, recostando mi cabeza en el tronco. Cerré los ojos, y los momentos que habían ocurrido hace unos minutos. ________ era tan… tan hermosa, era lo que siempre soñé. Recordé el sabor de sus labios y me estremecí por completo. ¿Cómo había podido ser tan idiota de alejarme de ella?
Suspiré. E imaginé todos los consejos que me podría decir mi madre en este momento si estuviese aquí conmigo, pero claro que no lo estaba; ni ella, ni mi padre, ni mis hermanos. No me creía cobarde por haberme ido de casa, ya que lo había hecho por el bien de ellos; no quería que aquellas criaturas crezcan viendo al monstruo en el que se estaba convirtiendo su hermano, ni nada por el estilo; pero aún así los extrañaba.
Escuché unos pasos que iban acercándose a mí, y abrí mis ojos. Era Liam, tenía sus ojos rojos e hinchados, y en su cara se podía notar angustia. Palmeé a mi lado para que se sentase allí, y así lo hizo. Revisó en su bolsillo y sacó unos de esos rollos de papel que yo conocía a la perfección, los cuales envolvían marihuana. Lo prendió y comenzó a fumar.
— ¿Quieres? – Preguntó señalando aquello que yacía en su boca. Lo miré con detención, recordando todo lo que habían causado ese tipo de cosas en mí. Negué con mi cabeza mientras aspiraba aquel dulce aroma. – Está bien, lo entiendo, sé que quieres dejar esto, yo también quiero. Y de a poco lo voy dejando ¿sabes? Desde que llegamos aquí, es el segundo que me fumo.
— Eso es bueno. – Intenté sonreírle. La imagen de los labios de su hermana sobre los míos volvió a aparecer en mi mente, haciéndome estremecer.
— Sí, eso creo. – Suspiró. Nos quedamos unos minutos en silencio. Apago el cigarro antes de terminarlo y me miró. – Nick… ¿Qué pasó en el cuarto de mi hermana? – Me quedé paralizado.
— ¿P-por qué lo preguntas? – Intenté evadir el tema.
— Vamos Nick, soy idiota, pero no he nacido ayer. Saliste casi corriendo de la habitación, y ______ estaba muy rara, más de lo que está comúnmente. Sé que algo pasó ahí adentro, como también sé lo que te pasa a ti con ella. – Lo miré a los ojos, estaba drogado, pero aún consiente. El efecto de la marihuana no era muy grande.
— Sí, Liam, me gusta tu hermana. – Con su mirada me hizo continuar.- Y sí, pasó algo en esa habitación.
— ¿Te acostaste con ella? – Soltó de repente. Una carcajada salió de mi boca, y antes de que pudiese decir algo, mi amigo ya se encontraba sobre mí, preparando su puño para deformarme la cara.
— ¿¡Acaso estás loco!? ¡No me acosté con ella! – Bajó su mano antes de que se estampara en mi rostro. - ¿Cómo se te ocurre? Solo la besé.
— ¿Qué hiciste qué? – Y antes de que pudiese reaccionar, golpeó mi mejilla. Coloqué mi mano allí, y se levantó. Tendió una mano, y me ayudó a pararme. Suspiró y rascó su cabeza.- Bueno, ya he actuado en el modo de hermano, así que ahora -Posó una mano en mi hombro.- Nick cuéntame de esta chica… ¿Cómo se llama?
— _______… - Dije intentando que no saliera de sus casillas, al parecer la droga ya comenzaba a hacerle efecto.
— Oh, que lindo nombre. – Sonrió.- Debes pensar que estoy demasiado drogado que ni siquiera recuerdo el nombre de mi hermana, y que tampoco recuerdo que es de mi hermana de quien hablas; pero si lo hago Nick, solo estoy intentando actuar con normalidad, como si no la conociera. – Suspiré y revoleé los ojos. Lo mejor sería contarle en otro momento.
— ¿Sabes hermano? Acabo de recordar que tengo que hablar con el señor Davant por la tarea de física. Nos vemos luego. – Palmeé su espalda y me marché, dejándolo bajo aquel árbol diciendo incoherencias.
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Entré a mi habitación y tomé mi celular, marqué el número de casa y atendió aquella mujer que me había traído al mundo.
— ¿Nicholas? – Sonreí al escuchar su voz.
— Hola mamá. ¿Cómo estas?
— Agotada, tus hermanos me estás volviendo loca. ¿Y tu hijo? ¿Estás bien?
— Sí, algo así. – Hice una mueca. No podía mentirle a ella, siempre le había contado todo.
— ¿Por qué algo así? ¿Qué pasó? – Preguntó angustiada. - ¿Es por las drogas?
— Oh, no, nada de eso, es más estoy yendo mucho mejor con ese tema. Lo que pasa es que hay una chica y… - Suspiré al recordar la cara de _______.
— Oh, mi niño está enamorado. – Soltó con ternura.- Y dime ¿Cómo se llama?
— _________. Es… es hermosa. – Mi madre soltó una pequeña risita.- Pero es todo muy complicado.
— ¿Por qué? No hay nada más hermoso que el amor, no tiene por qué ser complicado.
— No es que el amor sea complicado, o sí, bah, no lo sé. Su vida es muy complicada, mi vida es muy complicada, todo es complicado. No quiero arriesgarme y perderlo todo.
— ¿Y qué ganarás si no te arriesgas?
— Tal vez nada, pero no perderé su amistad. – Hice una mueca.- Aunque tal vez ya la he perdido. –Murmuré tristemente.
— ¿Por qué?
— La besé. –Solté sin pensarlo. Muchos se avergonzarían de contarle algo así a su progenitora, pero yo me avergonzaría de no hacerlo. – Creo que fue lo mejor que he hecho en toda mi vida. Pero obviamente tuve que arruinar todo, diciéndole que había sido un impulso.
— Mamá, ¿Es Nick? – Escuché la voz de mi pequeña hermana, Anne.
— Mira Nicholas, yo creo que debes ir a hablar con ella. No puedes tener como amiga a quien quieres como algo más. ¿Quién te dice que ella no sienta lo mismo? Te recuerdo que lo del impulso salió de tu propia boca, tal vez ella ahora se encuentra peor de lo que estás tu, porque también le gustas. ¿No lo crees?
— Si, tal vez tengas razón. Hablaré con ella lo antes posible. Gracias mamá.
— De nada hijo. Le pasaré el teléfono a Anne que quiere hablar contigo. – Sonreí, y escuché la chillona voz de mi hermana del otro lado.
— Hola Nick. ¿Cuándo volverás a casa? Te extraño.
— Hola linda. No lo sé, pero seguramente algún día iré a visitarlos. Yo también te extraño mucho pequeña, estoy ansioso por ver lo que creciste. – Rió del otro lado.
— Ya soy toda una adulta Nicholas, mido un metro. – Solté una carcajada.
— Oh, me imagino. ¿Cómo te está yendo en el colegio?
— Bien, tengo muchos amigos, ya han venido a jugar aquí a casa. Siempre les cuento de ti, todos quieren conocerte, en especial Harry. – Sentí una puntada de celos.
— ¿Quién es Harry?
— Pues mi novio, ya soy toda una adulta, te lo dije.
— Oh, no, no, tu no eres adulta y no te permito tener novio hasta que tengas treinta años ¿Escuchaste? – La amenacé juguetonamente.
— Sí soy una adulta, tienes que venir a comprobarlo. ¿Vendrás cierto? – Dijo con un dejo de ilusión en su voz.
— Claro. Iré apenas pueda.
La puerta se abrió lentamente dejando ver a aquella hermosa chica que me traía loco.
— An, debo dejarte. Te llamaré en la noche ¿si? – Vi como ______ estaba apunto de cerrar la puerta, pero la frené con la mano, y tomé su muñeca con delicadeza.- Mándale saludos a Frankie y a papá de mi parte. – La hermana de mi amigo posó su vista en mí y comenzó a verme con detención.
— No, Nick, no me dejes. – Comenzó a llorar.- Vuelve a casa, por favor. – Cerré mis ojos con fuerza.
— Lo haré pequeña, tal vez vaya el otro fin de semana. Te quiero, adiós. – Y colgué antes de que siguiera lamentándose. Guardé el móvil en mi bolsillo, y tiré de ______ para que entrase. Me posé frente a ella, había estado llorando, y mucho.
— ¿Qué quieres? – Preguntó con la voz quebrada. Mi madre tenía razón, ella estaba peor que yo. Acaricié su rostro y lágrimas comenzaron a correr por él. Me acerqué más a ella, haciendo que nuestros labios apenas se rozaran.
— Te quiero a ti. – Susurré para luego envolver su boca con la mía. La tomé de la cintura, acercándola más a mí, mientras ella envolvía sus dedos en mi cabello. Era el beso más perfecto que había dado alguna vez, y lo que lo hacía aún más perfecto, era que era con ella.

Capítulo cinco.
Narra ______.
Cada vez que hablaba con Nick todos los problemas huían de mi mente. Podía pasar horas y horas escuchándolo y nunca me cansaría. Su voz, la forma en que sus ojos brillaban cuando hablaba, su olor, su boca, sus ojos, su pelo, todo él me hacía enloquecer. ¿Por qué tenía que ser tan jodidamente perfecto?
Liam llegó con el desayuno en una bandeja, la cual colocó sobre la mesa. Cada uno tomó su respectivo pedido y comenzó a comer, pero hubo algo que aún yacía allí, era un paquete de papas, las cuales nadie había tomado. Las miré con extrañeza y pregunté torpemente:
— ¿Para quién es eso? – Él me miró culpable. Comencé a negar con la cabeza.
— Tienes que comer algo, _______, te harás daño. – Replicó.
— ¡No! - Negué más rápidamente.- ¿Es que acaso no me entiendes? – Me miró sorprendido.- ¿Sabes la cantidad de calorías que tiene eso? – Me paré del asiento. Estaba furiosa. Era mi hermano, debía entenderme. – No podría comer eso ni aunque estuviese apunto de morir. – Sentencié. Dejé mi jugo entero en la mesa, y caminé apresuradamente hacia la escalera.
Me sentía mal, muy mal. ¿Acaso no podía comer eso y ser normal? Con cada escalón que subía mis pisadas eran más fuertes, hasta que entré en mi cuarto y allí me debilité. No tendría que haber ni siquiera tomado ese jugo. Me dirigí a la mesa de noche, y con manos temblorosas revolví el cajón, mientras miles de lágrimas me inundaban. Tomé aquellos filos, estiré mi muñeca, corrí las pulseras que allí yacían, y comencé a cortar. Suspiré aliviada en cuanto aquel objeto se clavó en mi piel, lo moví horizontalmente y comenzó a sangrar. Me sentía culpable, la vida era tan dura y sufría tanto ¿acaso no podía morir y fin de la historia?
Miré mi mano ensangrentada, la cual tenía aquellas cuchillas. Me odiaba, me odiaba por hacer sufrir a los demás, me odiaba por hacerme mal, pero más que nada me odiaba porque yo misma me estaba matando, de la forma más dolorosa y lenta que pudiese existir, y yo estaba eligiendo hacerlo.
Arrojé los filos lo más lejos que pude, y caí al piso para comenzar a llorar desconsoladamente. No quería morir, no quería sufrir, no quería volver a vomitar, ni volver a cortarme, pero sin embargo sabía que no podía vivir sin ello. Se había convertido en mi aire, lo que me hacía vivir día a día, y también era lo que me mataba. Era como si nuestro aire quemara, pero aún así tener que seguir respirando, para vivir.
Escuché unos golpes en la puerta y me paralicé. No podía permitir que nadie me viese en ese estado. Intenté pararme, pero no tenía fuerzas, estaba agotada. La puerta se abrió dejando ver unos rulos asomándose por allí. Era Nick. Era tan inútil que hasta había olvidado cerrar la puerta, otra razón por la cual odiarme.
— ¿_____? – Preguntó acercándose a mí. Me arrinconé entre la cama y la mesa de noche, y tapé mi cara con mis brazos.
— Vete. – Susurré. Sentí como se sentó a mi lado. – Por favor, vete. – Repetí.
— No me iré. Me necesitas, y yo me quedaré aquí ayudándote, porque es lo que los amigos hacen. – Murmuró tiernamente mientras sacaba mis manos de mi rostro. Acarició cerca de los cortes.- Estas sangrando. – Replicó. Un nudo se formó en mi pecho al ver su cara de decepción, sollocé y él me atrajo hacia su cuerpo para acunarme en su pecho.- Ya linda, no llores. Todo estará bien. – Lo abracé con más fuerzas, y él acarició mi espalda.- Ven, vamos a limpiar esa herida antes de que se infecte. – Se paró y me tendió su mano para que la tomase, lo hice, y me paré quedando a centímetros de él. Me tambaleé y él me tomó de la cintura con fuerza.- Cuidado, no quiero otra herida en tu cuerpo. – Me condujo hasta el baño e hizo que me siente en el inodoro. Buscó entre los cajones un botiquín de auxilios, y sacó lo necesario para desinfectar los cortes. Se arrodilló frente a mí y tomó mi mano. Era delicado, pero aún así me ardía. Posé mi vista en su cara y observé su rostro de concentración. Mi corazón comenzó a latir rápidamente. Me quedé dura en su mirada, era hermoso, y… y me gustaba. – Listo.
— ¿Qué? – Pregunté desconcertada. Despegué mi vista de él y miré mi mano, la cual tenía una disimulada venda en ella, nada que ver con la que me había puesto la enfermera del colegio aquella vez.- Oh, gracias.- Lo abracé. Se sentía tan bien estar entre sus brazos. Por primera vez en mi vida sentí lo que era ser querida por alguien más que por tu hermano, y eso me enloquecía.
— He traído tu jugo, lo tienes que tomar ______, y no te hará daño en nada. – Me lo entregó y nos sentamos en mi cama mientras lo tomaba. Él se dedicó a verme mientras yo terminaba aquel líquido. Dejé la caja a un costado y volteé a verlo, su mirada era extraña, era… diferente. Le sonreí y él me devolvió aquel gesto, y me perdí en su sonrisa, era tan hermosa, él era hermoso. Miré sus labios y comprobé que nos encontrábamos mucho más cerca de lo que pensaba, tanto al punto que su aliento chocaba en mi boca. Miré a sus ojos los cuales se habían cerrado, por lo tanto yo también lo hice. Comenzamos a acercarnos cada vez más, y mi corazón comenzó a palpitar rápidamente, miles de sensaciones invadieron mi cuerpo ¿Qué me pasaba? ¿Acaso estaba enamorada? Rozó nuestros labios haciéndome estremecer, coloqué mis manos alrededor de su cara y la acaricié. Nick se separó rápidamente y me miró a los ojos. – Per…perdón, fue un impulso. – Acotó, rompiendo mi corazón. Asentí, se paró de la cama y tan sorpresivamente como apareció por aquella puerta, se fue. Chocó con Liam al salir, y siguió su camino. Mientras yo seguía allí sentada, con el sabor de su beso en mi boca, parecía una idiota enamorada.
Mi hermano pasó y me miró con confusión.
— ¿Y a este que le pasa? – Murmuró mirando hacia donde se había ido Nicholas. Me encogí de hombros, y sentí como se formaba un nudo en mi estómago. “Solo fue un impulso” , para él había sido solo eso, pero no para mí.- ¿Estás bien? Te noto rara. – Habló. Asentí y le mostré una falsa sonrisa.- Bueno, solo venía para pedirte disculpas sobre lo que pasó hace rato. ________ tú eres mi hermana, y yo debo cuidarte, es lo que debo y quiero hacer; te estás haciendo daño, y yo no puedo permitir eso. Te amo y eres lo único que tengo, y no podría vivir sin ti. – Sus ojos se cristalizaron y sentí como su voz se opacaba. Se sentó frente a mí en la cama.
— ¿Estás queriendo decir que moriré? – Le pregunté en el mismo modo que él.
— No me gustaría decirlo, pero sí, ______. Si sigues así morirás. – Y otra vez lo único que quería hacer era llorar, cortarme y vomitar. Él nunca me había dicho algo así, siempre supe que podría llegar a sucederme, siempre lo escuché de todos, pero nunca me lo imaginé de él.- Yo solo quiero ayudarte, no hacerte daño. – Tomó mi mano y la acarició. Me acerqué a él, lo abracé fuertemente y rompí en llanto.
— ¿Sabes lo peor de todo? – Suspiré intentando tragarme las lágrimas.- lo peor de todo es que hay veces en las que quiero morir. – Cerré mis ojos con fuerza y me hundí más en mi pecho. Lo escuche sollozar, y eso rompió mi corazón más de lo que ya lo tenía roto. ¿Por qué la vida tenía que hacer así? ¿Tan cruel para algunos y tan feliz para otros? ¿No podía ser algo más parejo?
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Capítulo cuatro.
— Eres una persona muy fuerte. – Le admití a Nicholas mientras caminábamos por el verde césped. Era agradable su compañía, aunque a veces me ponía nerviosa, haciendo que mi corazón palpite rápidamente, y un escalofrío recorra mi columna.- Yo nunca lograría salir hacia adelante como lo hiciste tú, y menos sola. – Lo miré de reojo.
— Todavía sigo metido en todo eso de las drogas, pero de a poco lo voy dejando. – Le sonreí, y el me la devolvió. Me perdí en aquel acto, sin duda era el chico más perfecto que había conocido. – Supongo que pensar en mi familia es lo que más me ayuda a hacerlo.
— Que bueno. – Dije sinceramente.- Mi familia también es la que más me ayuda a hacerlo, pero no a dejarlo, sino a seguir siendo bulímica y cortándome. Ellos tienen el modelo de “hijo perfecto” grabado en su mente, y nos obligan a ser perfectos, y como no podemos hacerlo nos sentimos mal, por decepcionarlos, e intentamos ser lo más perfectos posibles, y así es como estamos aquí. – Le conté con una sonrisa triste.
— La perfección no existe. – Exclamó.
— Ve a decírselo a mi madre. – Resoplé por lo bajo. Seguimos caminando hasta que nos topamos con un árbol y nos sentamos ahí.
— Esto es extraño. –Soltó de repente. Lo miré con una expresión confusa. – Siento que te conozco de toda mi vida, pero solo un par de veces. – Me confesó. Me volteé para verlo a los ojos, los cuales tenían un brillo hermoso. – Con Liam me pasa lo mismo, siento que lo conozco de toda mi vida, pero ni siquiera hace una semana que están aquí. –Rió tiernamente y le sonreí.
— Supongo que es de familia. – Bromeé.
— Puede ser… -exclamó con un dejo de diversión.
— Cuéntame de tu familia, la has nombrado mucho.
— Oh, bueno… tengo dos hermanos pequeños: Anne, tiene cinco años, muchos dicen que es mi calco pero en mujer; y Frankie, tiene doce. Luego están mis padres: Denise, y Paul, bueno… ellos son simplemente mis papás. –se encogió de hombros.
— Siempre quise tener una hermanita menor. Debe ser hermosa. –confesé.
— Lo es. Ella me llama todas las noches llorando para que vuelva a casa, cada vez que la escucho se me parte el corazón. – hizo una mueca. Coloqué una de mis manos en su hombro mostrándole mi apoyo.
— ¿Por qué estas en este internado si todo en tu familia está bien? – Pregunté delicadamente.
— Todos están bien, menos yo. Comencé con todo esto de las drogas y al principio lo oculté, pero luego no pude más, cada día se me hacía más y más adictivo, hasta que comencé a hacerlo en mi propia casa, donde estaban mis hermanos. Yo mismo decidí meterme aquí dentro luego de que un día le pegué a Frankie por haber mojado mis cigarrillos de marihuana ¡le pegué a mi propio hermano cuando él solo quería protegerme! - Tomó su cabeza entre sus manos. Me acerqué y lo abracé. – Soy un monstruo.
— Claro que no. –Acaricié su espalda delicadamente, separó sus extremidades de su bello rostro y fijó su vista en mí.- ¿Sabes las veces que le he pegado a mi hermano cuando se le ocurre sacarme las hojas filosas que uso para cortarme? Es algo horrible, pero es a lo primero que atinamos a hacer. Cada vez que lo hace sale como el diablo de mi cuerpo, me enloquezco… aún lo hago, es algo espantoso.
— Tenemos más en común de lo que pensé tener con alguien. – Le sonreí levemente y asentí. Era tierno, simpático, amable y me entendía en todo lo que nadie lo hacía: el chico perfecto.
Pasé el resto del día junto a él, me sentía tan bien, tan viva. Hablar con él me hizo sentir especial, ya no me sentía tan inservible como me había sentido antes. Esa fue la primera noche en meses que no tomé mis cuchillas para cortarme las muñecas, y fue la primera noche en años que no vomité antes de dormir. ¿Acaso la vida que pensé que había perdido Nick me la estaba devolviendo?
· · ·
Narra Liam.
Me encontraba recostado sobre la cama leyendo una revista sobre autos, siempre habían sido mi fascinación. Escuché la puerta abrirse y me sobresalté, vi a Nicholas aparecer por allí con una gran sonrisa impactada en el rostro.
— ¿Dónde estabas? – le cuestioné intrigado, no era muy usual verlo sonreír, y menos de aquella manera.
— Con tu hermana. –me respondió. Cerré el libro y me incorporé. ¿Qué Nicholas había estado con _____? ¿De qué me había perdido?
— ¿Con quién? – Pregunté otra vez asombrado, esperando haber escuchado algo erróneo.
— Con tu hermana, _______. Es una gran chica. – Volvió a sonreír. Oh no, ¿______ y Nick? ¿Esto se trataba de alguna broma bizarra o algo así? Intenté contener la calma.
— Ah. – Comenté intentando mostrar desinterés. No es que yo fuese un hermano sobre protector, o algo así, ¡Bah! Si era sobre protector, y más cuando se trataba de mi hermanita pequeña. - ¿Y se puede saber qué estaban haciendo? – Cerré mis puños pensando lo peor.
— Solamente hablábamos en el parque. Realmente es muy dulce, y tenemos muchas cosas en común. – Se tiró en su cama tal bolsa de papas.
— Más te vale que solo hayan estado “hablando” porque en cuanto me entere lo contrario te mataré. – Lo fulminé con la mirada a lo que él me miró sorprendido y luego comenzó a reír.
— ¿Piensas que la violé o algo así? – Lo miré seriamente, aquello no me causaba ninguna gracia, y su risa cesó. – En serio solo hablamos, puede que sienta alguna atracción por ella, pero nunca le haría daño. Quédate tranquilo. - ¿Alguien podría imaginar a Nicholas y a _____ juntos? La simple idea me causaba nauseas.
— ¿Atracción? – Repetí, estaba celoso, lo admitía.
— Tranquilo Liam, ya se que es tu hermana, solo tranquilízate un poco. No me propasaré con ella, no te tienes que poner tan nervioso, somos amigos ¿no? Cree en mí. – Intentó calmarme, él tenía razón, tenía que confiar en él.
— Está bien, está bien, como digas. Lo único que pido, es que no la lastimes ¿si? Porque si lo haces, te romperé la cara. – mi amigo asintió, y se dedicó a dormir, todavía con esa sonrisa implantada en el rostro. Nick era un buen chico, no sabía si me molestaría tanto que salga con mi hermana dentro de todo. Volví mi vista aquella revista la cual yacía cerrado a un costado de la cama, la abrí y retomé mi lectura; y así me quedé dormido.
— ¡Nick! –escuché un grito de mi hermana. Me levanté sobresaltado y vi a ______ abrazando fuertemente a mi amigo, el cual supuse que recién había abierto la puerta.
— Hola ______. – Respondió él delicadamente. Tuve un sentimiento raro, tal vez era celos, o tal vez simplemente me estaba gustando que se llevaran bien, la verdad es que no lo sabía.
— Hola, si, sigo existiendo. – Bromeé. Mi hermana se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.
— Y más te vale que sea por mucho tiempo más hermanito. – Respondió con una sonrisa. ¡Vaya, si que estaba feliz!- Vine a buscarlos para que desayunen conmigo, ya que todos mis amigos se han ido con su familias. – La miré extrañado.- ¡Es sábado Liam!
— Oh, claro, lo había olvidado. – Mi hermana me sonrió.
— Bien, cámbiense y los espero abajo. – Y así, tan rápido como entró, se fue, cerrando la puerta tras ella.
Caminamos hacia la cafetería y buscamos a ______ con la mirada, la encontramos sentada en una esquina, al lado de una ventana por la cual estaba viendo la gran tormenta que se había desatado. Nos acercamos y me senté frente a ella, y mi amigo a su lado.
— ¿Quién irá por la comida? –cuestioné luego de que mi estómago rugió del hambre. Ambos posaron la vista sobre mí.- Esta bien, iré yo. –me paré.- ¿Qué quieren?
— Un jugo de naranja por favor. – Me pidió mi hermana.
— Yo un café y algún postre, el que tu pidas. – dijo Nick. Bufé y me conduje hacia la fila, en la cual por suerte no habían muchas personas. Pedí todo lo que me habían pedido, y ya con la bandeja en mis manos, me conduje hacia la mesa. Nicholas y mi hermana hablaban animadamente y ambos sonreían ampliamente, pero eso no fue lo que más me sorprendió, sino la forma en que se miraban, como si estuviesen… como si estuviesen enamorados.
DIOS TE ESCUCHE
Capítulo tres.
No soportaba ver a las chicas llorar, y menos por algo que sabía como se sentía; me arrodillé a su lado y le palmeé la espalda.
— No llores. - Le susurré. Levantó su cabeza y me miró a los ojos, haciendo que mi cuerpo se estremeciera involuntariamente. - Quédate tranquila, nada es tan malo para llorar así.
— Todo el mundo se enterará de esto, o ya se enteró, y me harán la vida imposible, como en el colegio anterior. - Acaricié nuevamente su espalda.
— Acá suelen molestar con esas cosas, yo te entiendo muchísimo porque a mí me pasó lo mismo que a ti, y sí, duelen sus palabras, pero es mejor eso a intentar aparentar algo que no eres, y que todos se enteren tarde y que en vez de decirte solamente que te cortas, te digan también que eres una mentirosa, una doble cara, y vaya a saber cuántas cosas más. Y si no tienes ningún problema, siempre encontrarán algún defecto para molestarte, por que ellos son así.
— Tienes razón. - Hizo una mueca con su boca.- Seguramente ahora todos me odian, hasta los que pensaba que podían llegar a ser mis amigos. -murmuró.
— Si te odian es porque nunca lo serían de verdad, porque si de verdad lo fueran, te tendrían que aceptar tal cual eres, tanto con tus virtudes como con tus defectos. Si no lo hacen no valen la pena. - Finalicé. Asintió con la cabeza mientras se paraba tambaleándose.- Y entiende a tu hermano, él solo quiere protegerte. - Me dedicó una pequeña sonrisa y besó mi mejilla.
— Gracias Nick, Liam tenía razón, eres un gran chico. - Y salió de la habitación.
· · ·
Narra _______.
Luego de salir de la habitación que mi hermano compartía con Nick, me dirigí a la mía y me tiré en la cama a pensar. Mil cosas pasaban por mi mente, en especial aquellas palabras que había dicho aquel chico de rulos, muy lindo por cierto, las cuales resonaban en mi mente una y otra vez. Él tenía razón, mis amigos debían quererme por lo que era, no por lo que aparentaba ser. Y luego miles de recuerdos vinieron a mi mente, haciendo que mi estómago se contrajera, no quería vivir eso de nuevo, quería una nueva vida, quería ser feliz. Y así, me dormí.
Caminé por los pasillos del comedor mientras veía como la mayoría de las personas me miraban y con los dedos de una mano hacían como se cortaban la otra, o se los metían en la boca imitando vomitar, seguido de muchas carcajadas. Pasé mi vista sobre todos ellos, ignorándolos, mientras sentía que mi mundo se venía nuevamente abajo. Me dolía el alma, y lo único que quería era cortarme para sentirme en paz nuevamente, pero no podía salir de allí y darle a los demás más cosas para decir sobre mí. Divisé a Erick, Logan y Victoria a un lado, los cuales me hicieron señas para que me sentase a su lado, pero también los ignoré, quién sabe las cosas que me dirían. Me senté en una mesa alejada de todos y escondí mi cabeza entre mis brazos, estaba tan sola y tan dolida.
— Ey -una voz llamó mi atención, miré a su portadora: Victoria.- ¿Por qué no te sentaste con nosotros? - Preguntó delicadamente mientras tocaba mi brazo.
— No quiero escuchar ni ver más cosas que me hagan mal, solo eso. - Me encogí de hombros. Miró a mi al rededor y vio a lo que me refería.
— No les hagas caso, son unos idiotas. -Negó con la cabeza.
— Ya lo sé. Pero lo que hacen esos idiotas duele. - Murmuré con los ojos llenos de lágrimas.- Y no quiero que hasta ustedes hagan o digan cosas así. Prefiero no tener amigos, a que esos amigos se burlen de mí, como me pasaba en California.
— Eso no pasará. Nosotros nunca haríamos algo así, principalmente porque también vivimos lo que estás viviendo ahora. - La miré extrañada. Extendió su brazo hacia mí y me mostró las cicatrices que había en él, abrí mis ojos sorprendida, eso no lo esperaba, parecía tan feliz.- Ya lo sé, no lo puedes creer. Fue hace muchos años cuando mis padres se separaron, y me arrepiento de haberlo hecho, pero no se puede cambiar el pasado, solamente planear lo mejor para el futuro, y yo no quería sangre en mis muñecas, yo quería ser feliz, y así logré salir de eso, como tú lo lograrás. - Me dio una media sonrisa de apoyo.
— Es fácil decirlo, pero muy difícil creerlo. - Resoplé y giré los ojos, para que no pudiera ver las lágrimas que amenazaban a salir por ellos.- No puedo vivir sin comer pero no puedo hacerlo sin querer vomitar, y luego de vomitar no puedo evitar cortarme para sentirme mejor. Es como un ciclo sin fin. Y todo eso sumado a las burlas de estos idiotas… simplemente no quiero seguir más. - susurré en un hilo de voz. Me abrazó con fuerza.
Vas a poder salir adelante, __________. Nos tienes a nosotros. Los chicos matarán a todo aquél que sea necesario. - Reí. No lo podía creer ¡Estaba riendo!- Mírate, hasta ríes.- Ahora ven a sentarte con nosotros.
Una vez que me convenció, nos dirigimos hacia ellos los cuales me recibieron con una sonrisa, y luego se pararon a abrazarme.
Las clases transcurrieron normalmente, muchos se la pasaron haciendo comentarios dolorosos, pero se callaban al ver como Logan y Erick los miraban amenazadoramente.
Salí de la última clase, Química, para luego dirigirme a mi casillero. Una vez allí, guardé todas mis cosas excepto donde tenía tarea.
— Hola _____, o mejor dicho “Mía” - Se burló alguien detrás mío, seguido de una sonora carcajada. Así se le decía a la bulimia para que no parezca tan horrible. Cerré la puerta y me volteé con el ceño fruncido, ahí estaba él con su grupo de “amigos”. Caminé ignorándolos.- ¿No respondes a ninguno de esos nombres? ¿Cómo se les dice a la gente que se corta hasta desangrarse? - Aceleré el paso, pero ellos me seguía.- ¡Hey! ¿No vas a responder? - Una ronda se formó a mi alrededor. Y el portador de aquella voz se acercó a mí.
— Déjame en paz. - Dije con rabia. Formó una risa burlona en sus labios.
— Eres bonita ¿sabes? lástima que estás un poco gorda. - Mencionó para provocarme, lo sabía, pero aún así me dolió en lo más profundo de mi corazón. Mis ojos se llenaron de lágrimas y un nudo se formó en mi garganta. Era débil, y eso solamente servía para que me molestaran aún más.- Oh, ya vas a llorar. - Exclamó fingiendo pena.- Pobre bulímica. - Acarició mi rostro.
— Déjame. - Le ordené cada vez más furiosa. Rió falsamente seguido por su grupo de amigos.
— Pobre de tí, me das pena. - Susurró.
— Te dijo que la dejes. - Escuché a alguien a mis espaldas, era una voz conocida, una voz que había conocido ayer por primera vez.. Y antes de que pudiese aclarar mis pensamientos, Nick ya se había interpuesto entre mí y el otro chico.
— ¿Perdón? - Preguntó el otro confundido.
— Que la dejes. - Repitió enfurecido, cerró sus puños. El idiota rió fuertemente.
— ¡Lo que faltaba! La bulímica y el drogadicto. - Y volvió a reír, para luego quedar en el piso gracias a un golpe de Nick.
— No quería hacerlo, pero si no lo entiendes por las buenas, lo entenderás por las malas. - Dijo aquel chico de rulos, y antes de que le diera otro puñetazo, tomé su mano y lo alejé de allí.
— Gracias. - le sonreí una vez que nos encontrábamos en el patio. Me senté en una banca bajo un árbol y apoyé mis libros en él. - Creí que nunca se callaría. - Se sentó a mi lado.
— Tal vez nunca lo haría. - Hice una mueca y miré al suelo. Tenía unas ganas terribles de ir a mi habitación, y vomitar lo poco que había comido, y cortarme para que todo ese dolor que sentía desapareciese.- No les tienes que hacer caso, solo lo dicen para molestarte. - Suspiré.
— Ya lo sé, pero igual duele. - Posé mis ojos sobre los de él, y pude ver… ¿sufrimiento?
— Ellos saben eso, saben que te duele, por eso lo siguen haciendo. Solo debes mostrarte indiferente. - Hice una mueca.
— Lo dices como si fuese tan fácil… - Posó su mano en mi hombro.
— Solo tienes que ser fuerte, siempre habrá alguien que tendrá que decir algo sobre ti, y uno no puede hacer nada al respecto. - Asentí con la cabeza, tenía razón, pero no era tan fácil ignorar a todo un colegio haciéndote bullying. - A mí también me pasó lo que te pasa, es más… me sigue pasando. Soy el “drogadicto” del colegio. Al principio me afectaba mucho, pero ya no me interesa. Descubrí que hay cosas más importantes que lo que piensan los demás de uno mismo: lo que soy, porque por más que inventen lo que inventen, y digan lo que digan, lo que soy no lo van a cambiar nunca. - Susurró aquellas palabras de apoyo. En sus ojos se notaba que sufría día a día, pero aún así seguía como si nada.
— Ojalá algún día me pase lo que te pasó a tí. - Murmuré con esperanza.
— Te pasará, solo ten fé.
Continuará…